← Volver a Ratio
Regulación · · 2 min de lectura

IA verde: el mismo argumento de hace 15 años, ahora con otro nombre

Ponerle 'IA' a los mismos problemas ecológicos no los resuelve. Una crítica al greenwashing tecnológico que llega hasta la COP30.

#sostenibilidad #greenwashing #ia-critica #regulacion #cop30
Compartir

Hace quince años, Jeremy Rifkin publicaba La Civilización Empática y, entre otras cosas, prometía que las smart grids transformarían el sistema energético global. Las redes inteligentes estaban “listas”. La tecnología iba a resolver lo que la política no había podido. Ya saben cómo terminó.

Hoy, algunos descubren el vocablo “IA” y suena nuevo. El argumento es exactamente el mismo.

La narrativa reciclada

La lógica funciona así: hay un problema enorme (el cambio climático), existe una tecnología prometedora (la IA), ergo la tecnología resolverá el problema. Optimización energética, predicción de la demanda, detección de fugas en redes eléctricas, modelos climáticos de alta resolución. La lista de aplicaciones crece cada semana.

El problema no es que esas aplicaciones sean falsas. El problema es la conclusión que se extrae de ellas.

Predicción no es control. Eficiencia no es reducción. Y digitalización sin límites no es sostenibilidad; es acelerar la misma pendiente que nos trajo hasta aquí.

Que un sistema de IA pueda predecir con más precisión los picos de demanda eléctrica no implica que el consumo total vaya a bajar. Si la eficiencia se usa para producir más, el efecto neto sobre las emisiones puede ser neutro o negativo. Los economistas tienen un nombre para esto: efecto rebote, o paradoja de Jevons. No es una hipótesis; es un patrón documentado históricamente cada vez que aumenta la eficiencia energética sin restricciones de volumen.

El problema de los centros de datos

Hay además una ironía que raramente aparece en los discursos sobre “IA verde”: los propios sistemas de IA consumen recursos a escala creciente. Centros de datos, agua para refrigeración, minerales críticos para los chips. Cada consulta a un modelo de lenguaje grande tiene un coste energético real, aunque invisible para el usuario.

Esto no significa que la IA sea intrínsecamente insostenible. Significa que la ecuación no es tan simple como “IA = menos carbono”. Depende de qué se hace con la IA, en qué escala, con qué fuentes de energía, y con qué contrapesos regulatorios.

COP30 y la tentación tecnológica

Esa lógica ya está permeando espacios como la COP30. La tentación es comprensible: frente a la magnitud de la crisis, la tecnología ofrece la ilusión de una salida que no requiere cambiar los modelos de producción ni de consumo. Basta con optimizar, predecir, digitalizar.

Pero si queremos hablar de sostenibilidad en serio, primero toca imponer límites. Sin eso, la narrativa de “IA para salvar el clima” no es más que un nuevo caballo de Troya: desvía la atención de lo importante, que es reducir, reparar y frenar donde hay que hacerlo.

Los efectos del colapso ecológico no esperan a que la narrativa tecnológica madure. Y cuando lleguen, la pregunta no será si teníamos las herramientas, sino si tomamos las decisiones que correspondían.

Preguntas frecuentes

¿Puede la IA contribuir a reducir emisiones de carbono?
Contribuir, sí; resolver, no. La IA puede optimizar redes eléctricas, predecir la demanda energética o mejorar la eficiencia de ciertos procesos industriales. Pero la optimización no equivale a reducción si el volumen total de actividad sigue creciendo. Sin límites estructurales sobre el consumo, la eficiencia tecnológica produce más producción, no menos huella.
¿Qué es el greenwashing tecnológico?
Es la práctica de presentar tecnologías como soluciones ambientales sin que exista una reducción verificable de daño ecológico neto. En el caso de la IA: proyectar que los sistemas de IA 'salvarán el clima' sin cuantificar su propio coste energético (centros de datos, agua de refrigeración, minerales críticos) ni demostrar que los beneficios superan ese coste.
¿Cuánta energía consume la IA?
Los centros de datos representaban ya alrededor del 1-2 % del consumo eléctrico mundial según estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Con la expansión de los modelos generativos desde 2023, ese porcentaje crece, y las proyecciones para 2030 varían ampliamente según los supuestos de crecimiento.

Versión adaptada al estilo del sitio. El fondo se conserva.

Publicación original en LinkedIn — Publicado originalmente el 29 de noviembre de 2025 · leer el original